¿Por qué a partir de los 6 meses los niños comienzan a rechazar la flotación dorsal? 
 
Es importante conocer el desarrollo evolutivo del bebé para entender su comportamiento también en el agua. Durante las primeras semanas de vida, hasta aproximadamente el sexto mes, el niño disfruta de la posición en decúbito supino o flotación dorsal en el agua. Es a partir del alcance y perfeccionamiento del control cefálico y el inicio del control de tronco cuando en el agua comienza a rechazar esa posición, buscando posturas verticales.
 
El control respiratorio forma parte de la preparación básica de todas las actividades, ya que no solamente es un prerrequisito para el control cefálico, sino que también es esencial para las actividades que el niño desarrolle en el agua (Lamberk y Stanat, 2000). El agua es un medio de soporte en sí mismo, permitiendo que se incremente la libertad de movimiento. A medida que la adaptación psíquica crece, el niño se va animando hacia una mayor actividad que demanda independencia y control sobre sus nuevas adquisiciones, en cuyo caso resulta vital que le sea permitido moverse por sí solo (De Martelaer, D’Hondt, Van Driel, Bardid, y Bierens, 2018). El control de los movimientos de la cabeza, así como también el poder mantenerla recta sobre los hombros, resulta clave, no solo en el desarrollo motriz, sino también en el desarrollo cognitivo. Del control de la cabeza dependen, entre muchas otras cosas, que el niño aprenda a seguir con la mirada lo que le llama la atención, a mirar a sus padres a los ojos y a que comience a manipular objetos con sus manos. Por todo ello, aunque son claros los beneficios de la flotación dorsal a nivel de ajuste postural, relajación, posibilidad de movimiento en miembros y autonomía en el desplazamiento, se debe respetar el deseo del niño y sus preferencias de movimiento en el agua.
 
Tras una etapa de verticalidad y posturas más oblicuas el niño, sobre los 18 meses, vuelve a aceptar y disfrutar esa posición en flotación dorsal con el objetivo de hacer giros, desplazarse o coger objetos.
 
Se sabe que para el aprendizaje del movimiento el niño recibe una información sensorial, pero para el aprendizaje también son necesarias las preparaciones posturales. El aprendizaje de una actividad incluye la práctica a base de ensayo-error, y a través de esta práctica y experiencia el niño desarrolla estrategias que involucran preparaciones posturales para el movimiento controlado. En lugar de entender el control postural como dependiente de reflejos y buscar posiciones mantenidas a través de ellas, se sugiere respetar el desarrollo del niño y permitir los ajustes posturales a través de movimientos voluntarios y la experimentación (Macias, 2018).
 
El control cefálico en agua, al igual que ocurre en tierra, será el precursor del deseo del niño de posturas más verticalizadas que le permitan ver, experimentar con el entorno y alcanzar los objetos, hasta que el control y su autonomía le permita de nuevo conseguir la flotación dorsal como parte de los giros y otras formas de desplazamiento más avanzadas.
 
Lambeck, J. y Stanat, F.C. (2000). The Halliwick Concept. Journal Aquatic Physical Therapy, 8(2), 6-11.
De Martelaer, K., D’Hondt, E., Van Driel, J., Bardid, F., y Bierens, J. L. M. (2018). Effective water competence training for school-aged children: Teaching strategies for skills, knowledge, and attitudes. International Journal of Aquatic Research and Education, 11(2), 5-10.
Macías, L. y Fagoaja, J. (2018). Fisioterapia en Pediatría. Madrid: Médica Panamericana.
 
Cristina Salar Andreu
Doctora en Fisioterapia
Especialista en Terapia Acuática y Pediatría

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