Recurso pedagógico. Juegos de roles para construir competencias acuáticas preventivas

Juegos de roles para construir competencias acuáticas preventivas

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Dña. Ana Ortiz Olivar, es profesora de educación física. Maestranda en Educación Física. Técnica de Natación y Guardavidas (ISEF – UdelaR). Desde 2009, responsable de «Todos al agua: Educación en prevención acuática», programas Guardavidas Junior, Escuela de mar, Salvamento Acuático Deportivo y «Soñando sobre las olas» (surf adaptado) de la Intendencia de Montevideo (Uruguay). E-mail: anaortizo@gmail.com 

El ahogamiento es una lesión prevenible según la Organización Mundial de la Salud (OMS, 2014). La evidencia científica muestra que las habilidades acuáticas por sí mismas son sinónimo de estar seguros en el agua (AAP, 2019). Es necesario que estas sean asociadas a conocimientos sobre riesgos, comportamientos seguros y a actitudes preventivas (Stallman; Moran, Quan, & Langendorfer, 2017). Esta lesión es un fenómeno multicausal (OMS, 2014) que se resume en un evento que puede ser una tragedia. Se puede participar del mismo sin saber qué hacer o incluso asumiendo el propio riesgo vital o superarlo con la conciencia de que se resolvió de la mejor forma, con los recursos que se tengan al alcance. Desde el programa Guardavidas Junior (Ortiz & Fungi, 2015), se abordan a través de juegos de roles las competencias de rescate seguro, asociadas a la cadena de supervivencia para el ahogamiento.

Algunos conceptos actuales sobre ahogamiento

El ahogamiento es una causa de muerte por lesión no intencional líder a nivel mundial. La Organización Mundial de la Salud lo define como el proceso de experimentar dificultades respiratorias por inmersión/sumersión en un líquido (OMS, 2002). La sumersión se refiere a cuando las vías aéreas quedan debajo de la superficie y la inmersión a cuando el agua salpica las mismas. Si dicho proceso es interrumpido y la víctima continúa con vida, el ahogamiento se denomina “no fatal”, si muere, el ahogamiento se define como “fatal”. Mientras que un evento de sumersión o inmersión sin evidencia de dificultad respiratoria se considera un rescate y no un ahogamiento (Szpilman, Joost, Bierens, Handley, & Orlowski, 2012).

Puede suceder en segundos o en minutos

El ahogamiento es silencioso. Cuando una víctima no puede mantener su vía aérea libre, el agua comienza a entrar en la boca, pudiendo voluntariamente ser escupida o tragada. La siguiente respuesta consciente es aguantar el aire, aunque esto no dura más de un minuto. Cuando esto se vuelve difícil de resistir, las vías aéreas aspiran cierta cantidad de agua y se produce tos como respuesta refleja. Si la persona no es rescatada la aspiración de agua continúa y la hipoxemia lleva rápidamente a la pérdida de conciencia y la apnea. El ritmo cardíaco se deteriora hacia el paro cardíaco (Szpilman et al., 2012). De la temprana intervención en el rescate o la resucitación cardiopulmonar (de ser necesaria) dependerá la vida o sobrevida de la víctima.

Cadena de supervivencia para el ahogamiento (CSA)

Esta cadena simple y universal se ha basado en la mayor evidencia científica posible, como la mejor forma de educar sobre cómo prevenir los ahogamientos y sobre cómo reaccionar ante un evento adverso. Szpilman et al., (2014), definen una serie de pasos destinados a reducir su mortalidad así como a mejorar las situaciones de supervivencia y menores secuelas (Figura 1). La prevención es el eslabón más importante, pero cuando esta falla, es necesario actuar adecuadamente para interrumpir el proceso de ahogamiento (AAP, 2019; Szpilman et al., 2014). Algunos ejemplos de este paso podrían ser la elección de un espacio acuático con servicio de guardavidas/socorrista) o velar por la sensibilización acerca de la supervisión atenta y capaz de los niños.

El segundo eslabón es reconocer a la persona en dificultades para activar de forma segura, las acciones de rescate y del servicio de emergencia. Es fundamental que quien asista al rescate no se convierta en una víctima secundaria, debe enviar a alguien a pedir ayuda y seguir observando la situación, al pedir la ayuda calificada ya está “salvando”. La reacción más frecuente es querer sacar del agua, aun cuando la situación pueda ser de alto riesgo para uno mismo. El tercer eslabón es proveer de flotación para interrumpir el proceso de ahogamiento, con elementos específicos (salvavidas, cinturón de rescate) o improvisados (botellas, bidones, bodyboards) o algunos otros elementos que estén próximos. El rescate sin entrar al agua es la acción más segura. En el caso de la víctima, es necesario mantener la calma y flotar. El eslabón siguiente se refiere a sacar a la víctima del agua de forma segura, ya sea dando indicaciones o brindando calma hasta la ayuda calificada y el rescate seguro. El último paso es brindar la atención médica necesaria, la cual debe haber sido requerida en el segundo eslabón (Szpilman et al., 2014).

Competencias acuáticas preventivas

La competencia acuática es la integración de todas las habilidades acuáticas personales que ayudan a prevenir el ahogamiento, así como su asociación de conocimientos sobre seguridad acuática, actitudes y conductas que facilitan la seguridad en, sobre y alrededor del agua (Moran, 2013). Permiten anticipar, evitar y sobrevivir situaciones de ahogamiento comunes. Incluyen el conocimiento y reconocimiento de riesgos locales y de las propias habilidades acuáticas (AAP, 2019). Las competencias de rescate seguro involucran diferentes formas de reconocer y asistir a una posible víctima desde tierra. Deberían ser incluidas en los programas acuáticos desde el inicio de los aprendizajes y de acuerdo al desarrollo madurativo (AAP, 2019; Stallman et al., 2017). Las propuestas deben basarse en escenarios simulados de complejidad creciente, que puedan ser resueltos con diferentes elementos desalentando el contacto directo con la víctima (Stallman et al., 2017).

Juegos de roles

Los juegos de roles implican ponerse en situación desde la imaginación. Por ello es conveniente predisponer al grupo con actividades previas de expresión. Por ejemplo, entradas o caídas al agua con diferentes estados de ánimo. Y por supuesto un buen relato que puedan asociar a sus vivencias o que puedan imaginar. En este caso, se presentarán ejemplos para las competencias de rescate seguro con elementos de alcance y de flotación. Los mismos comprenden reconocer una posible víctima y asistirla de forma segura. Desde el punto de vista de la víctima, consistiría en poner en juego “habilidades para ser rescatado” (Ortiz & Fungi, 2015), y desde el rescatista, aplicar la CSA. Es importante considerar que los juegos sean realizables por todo el grupo desde sus posibilidades. Desde el punto de vista docente, es aconsejable prever las condiciones de seguridad y asistencia para su realización. En el marco del programa Guardavidas Junior se aplica en niños de 11 y 12 años. Este programa forma parte del currículo escolar, por lo que se implementan los juegos con grupos de 25 a 30 niños, heterogéneos en sus experiencias previas y habilidades (Ortiz, 2019). Si bien se presentan de acuerdo al proceso de los alumnos, pueden ser fácilmente aplicados y adaptados a otros escenarios. En este caso, representan momentos claves para despegarse del borde, experimentar la horizontalidad y reconocer la propulsión.

Puesta en práctica del juego de roles

Básicamente se sitúa al grupo en un escenario, se plantean preguntas orientadoras para que puedan resolverlo y se pone en práctica. Una vez que todos han pasado por los roles de víctima y rescatista, sea analiza lo sucedido y como se puede mejorar a la luz de la CSA y sus vivencias previas. Nuevamente se vuelve a poner en práctica. A través de este proceso se parte de la realidad de los alumnos, desde su forma de ver el mundo a la que se incorporan elementos concretos de un posible escenario de riesgo. Desde la experiencia y el diálogo se construyen las competencias preventivas en conjunto.

  1. Competencias de rescate seguro con elemento de alcance 

Situación. Se divide la clase en 2 grupos. Se relata una situación simulando que se está en un campamento, un grupo se ha quedado ordenando las cabañas y el otro jugando al fútbol cerca del río. La pelota va al agua, un compañero cae intentando sacarla y no puede salir, ¿qué podríamos hacer para ayudarle? Pedir ayuda, tirarle algo. ¿Con qué elementos? Algo que flote (no tenemos), palos, cuerdas, etc. ¿Qué tenemos en la piscina? Flotadores tubulares. 

Experiencia. Un grupo serán las víctimas, se disponen en fila en el cabezal del andarivel. El otro será rescatista, asistirá desde el borde lateral, cada niño tendrá ya su flotador tubular.

De a uno se irán metiendo o cayendo al agua, haciendo pie, flotando o tomados del borde y pedirán ayuda moviendo un brazo fuera del agua para hacerse visibles (señal internacional de auxilio). Un compañero del grupo rescatista deberá avisar al profesor la situación y luego asistir a la víctima remolcándola desde fuera, caminando por el borde, hasta la salida segura que estará en los 12 m. Una vez transcurrida esta instancia cambian los roles, y de forma fluida, simplemente, cambian de fila. 

Reflexión. Víctima: ¿Cómo puede facilitar el rescate? Manteniendo la calma, flotando, haciendo patada, agarrándose del flotador tubular bien firme y con ambas manos.

Rescatista: ¿Cómo puede cuidar mejor al compañero? Mirando y cuidando, agarrando firme el flotador tubular y arrastrando con seguridad hasta la salida.

En esta instancia intermedia se irá asociando cada paso del juego al icono correspondiente de la CSA. 

Competencias de rescate seguro. Se practica de nuevo la situación cuidando todos los detalles. En este sentido se intentará dar más dramatismo al juego. 

Variantes. Experimentar el traslado en diferentes planos.

  1. Competencias de rescate seguro con elementos de flotación imprevistos 

Situación. Se solicita a los alumnos que traigan de su casa ese elemento imprevisto que podría ayudarlos a flotar, una botella o bidón, una pelota, etc. Se plantea la misma situación y se dispone al grupo de igual forma que en el juego anterior. 

Experiencia. Esta vez al pedido de ayuda de la víctima, el rescatista dará aviso y tomará su elemento para arrojarlo a la víctima. La víctima deberá equilibrarse y propulsarse con el elemento hasta la salida segura en los 12 m.

Reflexión. ¿Dificultades?

Víctima: ¿A alguien le sucedió que se le escapara el elemento al querer agarrarlo? ¿Por qué? Se hace una olita con el movimiento de la mano abajo del agua para acercarse y tomarlo ¿Cómo podríamos hacer para que no se escape? Por arriba, el brazo debe ir por fuera del agua.

Rescatista: ¿Cómo arrojarlo mejor? Observar situaciones y ¿si hay corrientes? Se incorporan posibles pautas de acuerdo a lo acontecido.

Se asocia a la práctica los íconos de la CSA.

Competencias de rescate seguro y de auto-rescate. Se practica nuevamente la situación, pero el rescatista arrojará el elemento más lejos, para que todas las víctimas puedan poner en práctica la toma del mismo con mayor dificultad. Sumado a ello, cada vez irán experimentando elementos imprevistos diferentes, diferentes formas propulsivas, diferentes planos de movimiento.

Variantes. Dependiendo del nivel acuático del grupo o de sus respuestas se puede proponer realizar el juego desde los 12 m y cada víctima escoge su salida segura hacia la parte poco profunda o profunda de la piscina. También se puede practicar el juego con las caídas o entradas desde los cubos en la parte profunda y cada alumno decide su salida segura a los 12 m o a los 25 m.

Los juegos de roles como experiencia educativa pueden dar la oportunidad de construir competencias preventivas en los programas acuáticos. Desde las emociones, la interacción con un posible escenario y con pares, desde la imaginación y la reflexión aportan recursos prácticos para actuar eficazmente en una posible situación de riesgo.

Referencias

American Academy of Pediatrics (2019). Prevention of Drowning: Policy statement. [Prevención de ahogamientos: Declaración de políticas]. Pediatrics, 143(5), e20190850.

Moran, K. (2013). Defining ‘swim and survive’ in the context of New Zealand drowning prevention strategies: A discussion paper [Definiendo ‘nadar y sobrevivir’ en el contexto de las estrategias de prevención de ahogamiento de Nueva Zelanda: Un documento de debate]. Auckland: WaterSafe Auckland. Available at: https://www.watersafe.org.nz/wp-content/uploads/2019/06/Water-competency-in-the-context-of-New-Zealand-drowning-prevention-strategies-Kevin-Moran-120713.pdf

Ortiz, A., & Fungi, G. (2015). Educación acuática para la prevención de ahogamiento. Aportes para su desarrollo desde un relato de experiencia. Revista Universitaria de la Educación Física y el Deporte, 7, 51-59.

Ortiz, A. (2019). Creativity, Experience, and Reflection: One Magic Formula to Develop Preventive Water Competences. International Journal of Aquatic Research and Education, 12(2), article 1.

Stallman, R. K., Moran, K., Quan, L., & Langendorfer, S. (2017). «From Swimming Skill to Water Competence”: Towards a More Inclusive Drowning Prevention Future [“Desde la Habilidad de Nadar a la Competencia Acuática”: Hacia un Futuro más Inclusivo de la Prevención de Ahogamientos. International Journal of Aquatic Research and Education, 10(2), article 3.

Szpilman, D., Bierens, J., Handley, A. J., & Orlowski, J. (2012). Drowning. Current concepts. New England Journal of Medicine, 366, 2102-2110.

Szpilman; Weber; Quan; Bierens; Morizot – Leite; Langendorfer; Beerman; Lofgren (2014) Creating a drowning chain of survival. Resuscitation, http://dx.doi.org/10.1016/j.resuscitation.2014.05.034

van Beeck, E. F., Branche, C. M., Szpilman, D., Modell, J. H., & Bierens, J. J. L. M. (2005) A new definition of drowning: towards documentation and prevention of a global public health problem. Bull World Health Organ, 83, 853-856.

World Health Organization (2014). Global report on drowning: preventing a leading killer [Informe mundial de ahogamientos: previniendo un importante asesino]. World Health Organization.

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