Por Rita Fonseca Pinto
Saber nadar no es suficiente para estar seguro en el agua. La educación acuática debe ir más allá del aprendizaje de las técnicas de natación y enseñar a niños y adultos a reconocer los riesgos, comprender sus propias capacidades y tomar decisiones responsables. Esta es la principal idea que defienden Rita Fonseca Pinto y Juan Antonio Moreno Murcia en el recurso Alfabetización acuática y prevención del ahogamiento: de enseñar a nadar a educar para decidir.
El documento plantea un cambio de perspectiva en la enseñanza de las actividades acuáticas: pasar de centrarse exclusivamente en las habilidades motoras a desarrollar una alfabetización acuática que permita relacionarse con el agua de forma autónoma, consciente y segura.
La prevención del ahogamiento constituye uno de los principales objetivos de esta propuesta educativa. Según los autores, aprender a flotar, desplazarse por el agua, orientarse, utilizar un chaleco salvavidas, subir a una embarcación o salir de una piscina son aprendizajes fundamentales. Sin embargo, estas capacidades deben ir acompañadas de conocimientos que permitan comprender cuándo y cómo utilizarlas, identificar situaciones peligrosas y reconocer cuándo es necesario pedir ayuda.
La Organización Mundial de la Salud (OMS) considera la enseñanza de habilidades básicas de natación asociada a la seguridad acuática una de las estrategias recomendadas para prevenir los ahogamientos. No obstante, esta medida debe integrarse en un sistema de protección más amplio, que incluya la supervisión, el control del acceso al agua, la creación de espacios seguros y la preparación para responder ante emergencias.
De aprender a nadar a aprender a decidir
La alfabetización acuática representa una evolución de los modelos tradicionales de enseñanza de la natación. Como explican Fonseca Pinto y Moreno Murcia, dominar una técnica no garantiza que una persona sepa reaccionar adecuadamente cuando cambian las condiciones del entorno.
Una persona puede nadar correctamente en una piscina conocida y, sin embargo, tener dificultades para responder ante una corriente inesperada, un cambio de profundidad o unas condiciones meteorológicas adversas.
El documento, además, presenta cinco propuestas prácticas para incorporar la alfabetización acuática en las clases de educación acuática.
El papel fundamental de los educadores
La propuesta induce a un cambio en el papel de los profesionales de la educación acuática. Su función no consiste únicamente en enseñar movimientos y técnicas, sino también en diseñar experiencias que permitan observar, reflexionar, experimentar y tomar decisiones, en las que la evaluación asume una función importante. Para ello, esta no puede limitarse a la observación de las habilidades motoras, sino que también debe tener en cuenta los conocimientos, las emociones y las respuestas ante diferentes situaciones.
Educar para una relación más segura con el agua
La principal conclusión del documento es que enseñar a nadar sigue siendo imprescindible, pero debe formar parte de una educación acuática más amplia, más allá del contexto de experiencia educativa, hay que valorar los distintos entornos acuáticos, las distintas actividades posibles y preparar para que cada uno pueda elegir las actividades acuáticas como estrategia de bien-estar, para ser capaz de afrontar las condiciones de un entorno natural o de un momento de disfrute con los compañeros.
En este sentido, la alfabetización acuática busca, precisamente, ampliar la visión, promoviendo personas que sepan reconocer sus posibilidades, identificar los riesgos, respetar sus límites, tomar decisiones responsables y elegir dónde, cuándo y cómo interactuar con el ambiente acuático, cuándo detenerse y cuándo pedir ayuda.
Puedes acceder y descargar gratuitamente el nuevo recurso en español, portugués e inglés en los Recursos pedagógicos de AIDEA.
Escrito por: Rita Fonseca Pinto
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