Por Rita Fonseca Pinto
Una nueva mirada a la comunicación acuática temprana
Hablar con un bebé en el agua no consiste simplemente en darle instrucciones. Antes de que el lenguaje verbal esté suficientemente desarrollado, el bebé interpreta lo que sucede fundamentalmente a través de la mirada, el tono de voz, los gestos, el contacto corporal, el ritmo y la forma en que el adulto responde a sus señales.
Esta es una de las principales ideas del nuevo recurso pedagógico de AIDEA, ¿Cómo comunicarse con los bebés en el medio acuático?, elaborado por Juan Antonio Moreno Murcia y Sandra Rossi Madormo. El documento propone entender la comunicación como uno de los principales recursos pedagógicos para construir seguridad emocional, confianza y una adaptación positiva al agua.
El planteamiento resulta especialmente relevante porque el medio acuático modifica muchas de las referencias habituales del bebé. Cambian el equilibrio, la orientación corporal y las sensaciones asociadas al movimiento. En este contexto, la calidad de la experiencia depende menos de cuánto explica el adulto y más de su capacidad para hacer que lo que sucede resulte comprensible y predecible.
La voz importa, pero no solo las palabras
Uno de los aspectos más interesantes del documento es la importancia concedida a la prosodia, es decir, a la entonación, el ritmo, la intensidad y la melodía de la voz.
Una voz cálida, tranquila y expresiva puede transmitir seguridad y disponibilidad. Por el contrario, un tono brusco, acelerado o excesivamente imperativo puede aumentar la presión percibida y generar respuestas emocionales negativas. Por ello, la recomendación no consiste en hablar constantemente al bebé, sino en utilizar intervenciones breves, claras y vinculadas a acciones concretas.
Palabras sencillas como «vamos», «arriba», «sopla», «otra vez» o «espera» adquieren significado cuando se utilizan de manera consistente y se acompañan de gestos, miradas y acciones coherentes. El documento destaca que las emisiones breves y contingentes favorecen la participación del bebé más que un flujo verbal continuo.
El cuerpo también habla
La comunicación con un bebé es necesariamente multimodal. Una sonrisa, unas manos abiertas, una mirada frontal o un contacto físico previsible pueden comunicar más que una explicación verbal.
En el agua esto adquiere todavía mayor importancia. No basta con sostener correctamente al bebé. Es necesario sostener de forma comunicativa. La tensión de las manos, la postura corporal, la velocidad del movimiento o la expresión facial del adulto proporcionan información que el bebé utiliza para interpretar si aquello que está ocurriendo es seguro.
Por ello, el recurso propone que educadores y familias actúen como figuras de co-regulación emocional. Cuando el adulto transmite calma, previsibilidad y confianza, el bebé dispone de mejores condiciones para explorar y participar.
Ritmo, canciones y anticipación
Las canciones y los juegos rítmicos tampoco deberían entenderse únicamente como elementos lúdicos. Pueden convertirse en auténticas herramientas pedagógicas.
Repetir una canción al comenzar la sesión, mantener determinados balanceos, utilizar pequeñas rimas antes de una acción o establecer rituales estables ayuda al bebé a anticipar lo que sucederá. El ritmo reduce incertidumbre y contribuye a transformar el agua en un entorno progresivamente más comprensible.
La previsibilidad resulta especialmente importante ante experiencias novedosas. Antes de una entrada al agua, por ejemplo, establecer contacto visual, sonreír, repetir una secuencia verbal conocida y esperar unos segundos permite al bebé prepararse y participar en lugar de convertirse únicamente en receptor de la acción del adulto.
Aprender a leer al bebé
Pero comunicarse implica también saber escuchar, incluso cuando todavía no existen palabras.
Desviar la mirada, aumentar la tensión corporal, buscar ansiosamente proximidad o llorar pueden indicar que es necesario reducir la intensidad, ralentizar la actividad o recuperar el contacto afectivo. Por el contrario, sonreír, vocalizar, imitar movimientos o anticipar acciones conocidas pueden ser señales de adaptación y disposición para continuar.
El documento propone, por ello, abandonar una evaluación centrada exclusivamente en comprobar si el bebé realiza determinadas habilidades. También deberían observarse indicadores como la relajación corporal, la orientación hacia la voz, la anticipación de rutinas, la participación, la recuperación emocional ante situaciones novedosas o la calidad de la interacción con el adulto.
Primero confianza, después aprendizaje
La idea que atraviesa todo el recurso puede resumirse de manera sencilla: antes de enseñar al bebé qué hacer en el agua, necesitamos conseguir que comprenda qué está ocurriendo y se sienta seguro para participar.
Desde esta perspectiva, la comunicación deja de ser un acompañamiento de la enseñanza y se convierte en una herramienta pedagógica central. Voz, mirada, gesto, tacto, ritmo y vínculo afectivo actúan conjuntamente para favorecer la regulación emocional, la participación y la construcción progresiva de confianza acuática.
Esto supone también revisar qué entendemos por una buena sesión de educación acuática para bebés. Su calidad no debería medirse únicamente por las habilidades motrices alcanzadas, sino por su capacidad para generar experiencias emocionalmente seguras, comunicativamente coherentes y pedagógicamente significativas.
En definitiva, quizá una de las principales competencias de quien acompaña a un bebé en sus primeras experiencias acuáticas no sea conseguir que haga más cosas en el agua, sino aprender a comunicarse con él para que pueda sentirse seguro, comprender, anticipar, participar y descubrir el agua a su propio ritmo.
Puedes acceder y descargar gratuitamente el nuevo recurso en español, portugués e inglés ¿Cómo comunicarse con los bebés en el medio acuático? en los Recursos pedagógicos de AIDEA.
Escrito por: Rita Fonseca Pinto
Volver a Aidea News